Actor – jugador – improvisador

De Japón a Santiago de Chile; de Australia a Luxemburgo; de Congo a la India, en más de medio mundo se juega Impro. Más allá de su nivel de popularidad, que oscila por épocas y regiones, miles de personas se implican en la práctica de teatro improvisado, compartiendo lineamientos generales de una técnica en constante expansión.

Globalizada, generosa y democrática, la Impro acoge a todo aquél que desee acercarse a la escena espontánea. Como si se tratase de un deporte o de música, los niveles de compromiso, dedicación, talento, suerte y perseverancia dependen de cada grupo o individuo que acometa su práctica.

Circunstancias que propician la proliferación de manifestaciones de Impro en el terreno amateur:

  • Constituye un quehacer divertido y grupal, una actividad física y creativa.
  • En relativamente poco tiempo ciertos elementos básicos resultan asequibles y esa ductilidad se hace extrovertida, surge el deseo de mostrar a público.
  • La Impro despierta un espíritu festivo en los espectadores, espíritu que sostiene aún espectáculos de escaso rigor técnico.
  • Los montajes no requieren inversión económica alguna, adaptándose a casi todo espacio y limitación de luz o sonido.

 

Un panorama amistoso del todo atractivo para aquellos que toman la actuación como pasatiempo, sin poseer una formación académica: actores aficionados. Para muchísimos, incluso, la Impro es la única actividad escénica en la que incurren.

Profundizando el paralelo establecido con el deporte, multitud de personas en todo el mundo juega al fútbol, pocos se convierten en futbolistas profesionales. Pero mientras resulta evidente reconocer un futbolista profesional de un amateur, con los actores de improvisación los límites entre hobbie y trabajo se desdibujan; entonces surgen planteos como… ¿Es un improvisador profesional todo aquel cuya actividad laboral principal es la Impro? ¿Un improvisador sin más formación dramática que la Impro, es un actor?

Imposible responder desde compartimentos estancos, pues tratamos con una disciplina creativa y artística, a la que se puede acceder tanto desde el academicismo como desde la metódica práctica empírica.

En su momento, los formatos de impro deportiva aportaban otro elemento, del todo nuevo para la teatralidad: el concepto de jugador, de deportista del teatro. Así, el improvisador era un jugador (la voz, además, nos emparenta con el play, término anglosajón para actuar y jugar), actores-jugadores. Trascendidos estos formatos, dentro mismo del micro-mundo de la Impro, la definición sigue siendo discutida: actor/actriz – actor Improvisador/actriz improvisadora – improvisador/a – actor/actriz de Impro – jugador/a; derivando en neologismos tales como improvisactor, improvisactriz o depoartista.

Si, como afirma Stanivslasky, “el personaje es lo que el actor hace”; pues aquel que con frecuencia se presenta frente a un público es un actor. Actor de Impro, aficionado; jugador; amateur; académico; formado; especialista; diletante; completo; farsante; superficial; espontáneo…adjetivos que relativizan, circunscriben, ensalzan o desprecian un oficio, el de actor, ancestralmente hecho de tablas.

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